Jaén
Los judíos vivieron y forjaron Jaén durante más de doce siglos, y su huella sigue presente en el barrio de Santa Cruz.
Calles como El Rostro, Santa Cruz y Huertas conforman un laberinto medieval donde se esconden sinagogas, baños árabes y la casa de Hasday ibn Shaprut.
Tres religiones confluyeron en estos espacios, y hoy la ciudad del Santo Reino conserva uno de los legados sefardíes más importantes de España.
El laberinto medieval de la judería de Jaén
Para seguir los pasos de la comunidad judía en Jaén, hay que dirigirse al Barrio de Santa Cruz, donde las estrellas de David marcan la presencia de una huella innegable. Las calles del Rostro, Santa Cruz, Martínez Molina y Huertas, entre otras del casco viejo, abren un entramado de pequeñas callejuelas estrechas que trasladan al medievo.
En este particular laberinto se encuentra el convento de Santa Clara, levantado sobre lo que fue una sinagoga y luego iglesia de la Santa Cruz. Un muro conservado es el único vestigio de su existencia.
Las sinagogas ocultas de la judería jienense
En la calle San Andrés hay evidencias de otra posible sinagoga, envuelta bajo la capilla del mismo nombre. Aunque los expertos siguen debatiendo si fue o no un templo judío, sus arcos recuerdan a los de antiguas sinagogas como Santa María la Blanca en Toledo.
Su orientación al este, la geometría del patio, su aspecto austero y una menor altura que los templos cristianos son elementos que favorecen la hipótesis de que realmente fuera un lugar de culto para los judíos.
El hijo ilustre de la Jaén judía
Hablar de la Jaén judía es hablar de Hasday ibn Shaprut, una de las figuras más brillantes de Sefarad. Médico, diplomático y consejero de los califas cordobeses Abderramán III y Alhakem II, está considerado el precursor de la gran edad de oro de la cultura judía en España.
La que posiblemente fuera su casa, en la Plaza de la Magdalena, exhibe con orgullo una estrella de David. Su vida inspiró las novelas Los cipreses de Córdoba, de Yael Guiladi, y El calendario de Córdoba, de Ives Ouahnon.
La huella judía en la ciudad del Santo Reino
La gran menorá de la Puerta de Baeza y la 'mona' del friso gótico de la Catedral de Jaén recuerdan la importancia que la cultura judía tuvo para el desarrollo de la ciudad. Los especialistas consideran que la 'mona' es un discurso iconográfico para atacar al pueblo judío y prevenir a cristianos y conversos de judaizar.
Baños árabes y judíos: espacios de encuentro
En el corazón del casco antiguo se encuentran varios baños que musulmanes y judíos utilizaban en horarios alternos. Uno de ellos, Hamam Ibn Ishaq o baños de ben Isaac, parece que fue de uso exclusivo de la población judía.
En los límites de la vieja judería, en la plaza de los Caños, están los Baños de Naranjo, construidos en el siglo XI y en funcionamiento hasta la conquista castellana. Posteriormente fueron empleados como tahona, pescadería, carnicería y escuela.
La restauración de los baños árabes del Palacio de Villardompardo, en 1984, mereció el premio Europa Nostra.
En el palacio de Villardompardo, propiedad del que fuera conde del mismo nombre y virrey del Perú, Fernando Torres de Portugal, se encuentran unos baños árabes del siglo XI que fueron punto de encuentro para judíos, musulmanes y cristianos. Su restauración, en 1984, mereció el premio Europa Nostra.
La luz penetra por los lucernarios estrellados de este espacio, creando un ambiente de paz y misticismo donde tres religiones se unieron en torno a un lugar de encuentro social.
La judería de Jaén guarda doce siglos de historia en sus calles, sinagogas y baños, un legado que sigue vivo en cada rincón del casco antiguo.